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1/24/2006 Sutilezas de esquizofrénicoSeguimos a lo nuestro :)
No sabía qué contarte :P Tengo tantas cosas por aquí que, aunque tenía muy clara la entrega anterior, no sabía cómo seguir. Y el pensar sobre los hábitos extraños de conocidos y desconocidos, aparte de hacerme caer en más, muchos más, hábitos extraños propios de los que puse (a veces me doy hasta miedo), me ha llevado a un libro que me sorprendió muchísimo cuando lo leí.
Otro narrador peculiar, como el Juansinmiedo de "Y decirte alguna estupidez...". En este caso, nos lleva de la mano un hombre culto, leído, discurridor... y, sobre todo, peculiar. Nos hace ver las situaciones en las que se encuentra desde un punto de vista totalmente diferente al que estamos acostumbrados, y lo hace tan naturalmente, tan... sutil, que incluso la estupidez más tonta la vemos lógica (o a la persona más desagradable la vemos con un atractivo especial). Como muestra, una aceituna ;)
Era el comisario Flores hombre de agraciado físico, aliñado vestir, gesto viril y labia fácil, si bien la guadaña impía del tiempo había restado donaire a su fina estampa, que no empaque, abotargando su faz, desertificando su cráneo, cariando sus molares, acreciendo michelines a su cintura y activando sus glándulas sebáceas en todo clima, lugar y circunstancias. Y aquí debo interrumpir mi descripción, porque el poseedor de los envidiables atributos que acabo de enumerar me estaba diciendo:
- Ni una maña o te dejo la cara más aplastada que el producto interior bruto - a lo que agregó al cerciorarse de que yo había asimilado el mensaje -: Supongo, por lo demás, que te alegrará ver que he sido yo quien ha planeado sin fisuras y ejecutado sin contratiempos tu escapada del manicomio, sabiendo como sabes que sólo actúo pensando en tu bien y en el de mi grey. Y ahora, si me prometes portarte como corresponde a la gratitud que me debes, haré que te quiten la mordaza.
Hice señas de asentimiento con las cejas y, obedeciendo un gesto del comisario, los agentes me quitaron el trapo que tenía metido hasta el gaznate y que, a juzgar por su apariencia y sabor, debía de usarse comúnmente para restañar la grasa de las bielas.
[...] [en una habitación de hotel, a altas horas de la madrugada].
- Es el señor Ministro de Agricultura, don Ceregumio Lavaca.
Sin perder un instante, flexioné las piernas, respiré hondo y me impelí por los aires para saltar por encima de la mesa y besar la mano del prócer, y habría logrado mi propósito de no ser por el centelleante rodillazo que el comisario Flores tuvo a bien propinarme en salvas sean las partes. El superhombre, que, en su grandeza, debía de ser inmune al culto personal, restableció la familiaridad con una sonrisa benévola y el sencillo gesto de barrenarse la nariz con el meñique.
"El laberinto de las aceitunas", Eduardo Mendoza Comments (6)
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